Los versos de Pandora

Descubre el poder del nombre de Dios

8. El cuento de Pandora.

Se marchó de allí dolida en el cuerpo, y más todavía en el corazón. Se detuvo en un estanque para descansar y refrescarse. Entonces, contempló su imagen reflejada en las aguas cristalinas, y no dio crédito a lo que sus ojos le mostraron: una niña de cara desfigurada, por las picaduras de las avispas, con el pelo desaliñado, y las ropas sucias y maltratadas. Estaba irreconocible. Aquella no era ella. Ella era una dulce princesita, que vivía en una bonita casa, amada por sus padres y adulada por sus vecinos.